La Cordillera de los Andes

15/10/2020 La Cordillera de los Andes

La Cordiller de los Andes

La geografía actual del NOA es consecuencia de la historia geológica de una de las cadenas más impresionantes del mundo: La Cordillera de Los Andes.

Por eso merecen aquí un importante lugar, donde se cuenta sobre su orígen y evolución, y sobre cómo construyeron, a lo largo de unos 10 millones de años, el variado y maravilloso paisaje del Noroeste Argentino que vemos hoy.

En su "Viaje alrededor del mundo", Charles Darwin escribió en 1833:

"He visto en la Cordillera de los Andes las pruebas evidentes que enormes montañas han sido rotas en mil pedazos, como puede romperse una corteza de pan, y que las diferentes capas que la componían, de horizontales que eran, se han puesto verticales".

Los Andes del Noroeste Argentino, muestran claras evidencias de lo afirmado por Darwin.

La cadena andina se extiende por la costa occidental de América del Sur, a lo largo de unos 8.000 km y alcanza su altura máxima en el cerro Aconcagua (6.959 m) ubicado en la provincia de Mendoza. Su origen es consecuencia del arrugamiento de la corteza continental a causa del empuje que produce la placa del Océano Pacífico. Como se sabe, el globo terrestre está formado por un mosaico de placas continentales y oceánicas. Las placas continentales, más livianas, son de composición granítica, mientras que las placas oceánicas, más pesadas, son de composición basáltica. Tanto en el fondo del Océano Atlántico como en el del Pacífico, corren sendas cordilleras submarinas, donde está brotando material fundido de las profundidades.

Ese infierno de magma está empujando las placas, las cuales al converger se deforman dando nacimiento a las montañas. La losa pacífica se conoce mundialmente como "Placa de Nazca" y su hundimiento y empuje del continente es el responsable de que se hayan elevado todos los cerros del NOA. El roce permanente de las placas en el borde continental da lugar a tensiones que se liberan en forma de terremotos y de allí su mayor intensidad en la costa pacífica.

Cuando la placa, que en la zona andina del Noroeste Argentino se hunde con 30° de inclinación, alcanza una cierta profundidad, se hunde y el magma se eleva dando nacimiento a los volcanes que vemos a lo largo del límite argentino-chileno. Así nacieron algunos de los volcanes más importantes del planeta como el Ojos del Salado (6.880 m) y el LLullaillaco (6.723 m), y las calderas (cráteres gigantes) de La Pacana y Galán, con 60 km y 40 km de diámetro respectivamente.

Por su parte los vapores desprendidos del magma y ricamente mineralizados dieron lugar a la formación de valiosos yacimientos metálicos, como los de cobre en el desierto chileno. La porción central de los Andes es la más espectacular por sus rasgos geográficos y fenómenos geológicos. Los Andes centrales son la más viva expresión de cómo se forma y evoluciona una cadena montañosa. Sus raíces se hallan emplazadas a 70 km de profundidad, por lo que junto con el Himalaya, es la parte donde la corteza alcanza su máximo grosor.

Asimismo, los Andes registran uno de los resaltos topográficos más importantes, ya que en corta distancia, entre la fosa peruano-chilena a más de 7 km de profundidad y los volcanes cordilleranos que rozan los 7 km de altura, se alcanza un desnivel de 14 kilómetros.

Los Andes, vistos en forma figurada son como una gigantesca ola cuya cresta coincide con la parte más alta de la cordillera y se extiende al pie de la llanura chaco-paranaense. La ola viene avanzando, como lo demuestra la migración de las cadenas volcánicas que a lo largo de millones de años fueron cambiando de lugar desde el propio borde pacífico hasta el límite internacional donde hoy la vemos. Además, las montañas avanzan cada vez más al este, en razón de un complejo fenómeno de acortamiento y apilamiento de los terrenos, por lo que en algunos millones de años el NOA se elevará y luego será engullido por la máquina devoradora andina.

La Formación Yacoraite, una "costilla" de Los Andes

La Formación Yacoraite es una de las "costillas" de Los Andes. Su nombre se debe a que fue definida y estudiada en el río Yacoraite en la Quebrada de Humahuaca, por el doctor Juan Carlos Turner; luego fue estudiada por la mayor especialista en el tema: la Dra. Rosa A. Marquillas de la Universidad Nacional de Salta (UNSa).

La Formación Yacoraite cubre partes de Perú, Bolivia, Chile y norte de Argentina y se formó entre 65 y 70 de millones de años atrás, mucho antes de que se elevaran los Andes.

En aquella época, el NOA debió parecerse un poco a Las Bahamas, con un clima cálido y húmedo, islas con vegetación tropical y un cuerpo de aguas limpias y templadas donde vivían cocodrilos y una gran variedad de peces, entre ellos los curiosos peces voladores. En las amplias playas correteaban los dinosaurios que dejaron impresas sus huellas para la posteridad y que hoy podemos apreciar en el Valle del Tonco y otros lugares. También las algas dejaron su testimonio de bochones carbonáticos, conocidos como estromatolitos.

Los barros calcáreos depositados en aquel tiempo, con el transcurso de millones de años se endurecieron hasta formar piedra caliza, y conservaron en su interior los huesos de peces y cocodrilos, las estructuras algales, las huellas de dinosaurios e incluso depósitos de uranio, vanadio, cobre y hasta ese precioso líquido negro llamado petróleo. No por nada el sabio geólogo alemán Luis Brackenbusch cuando visitó Salta, a fines del siglo XIX, la llamó Formación Petrolífera.

El pozo Cuchuma, en los límites de los departamentos Capital y General Güemes de la provincia de Salta, extrae petróleo precisamente de niveles de la Formación Yacoraite al igual que los pozos de Caimancito en Jujuy y Palmar Largo, en Formosa.

Hace unos 65 millones de años y en coincidencia con la extinción de los dinosaurios, las calizas de Yacoraite eran horizontales y estaban al nivel del mar. Luego, dentro de los últimos 10 millones de años, vendrían las tremendas fuerzas de la corteza que formaron los Andes, que quebraron las capas de rocas, las inclinaron hasta la vertical, las elevaron en unas partes y las hundieron en otras. Hoy, restos de las calizas amarillas de Yacoraite aparecen a casi 5.000 m de altura en la Puna y a 6.000 m o más de profundidad en la región de Pichanal, una diferencia vertical de 11.000 metros.

Ello da una clara idea de cómo se deformaron las rocas del norte argentino, de cómo los Andes se partieron en dos y del por qué Darwin quedó tan impresionado en su viaje sudamericano. Al igual que quedó tan impresionado el viajero alemán Antony Zacharías Helms, que pasó por el norte argentino en 1789 y le llamó poderosamente la atención la configuración tectónica de los Andes, y así lo dejó escrito:

"Montañas tan irregulares y rotas como en esta parte de las Cordilleras, con tanta alternancia de sus partes componentes, no las he visto ni en Hungría, ni en Sajonia ni en Los Pirineos. En ninguna parte una revolución de la naturaleza parece haber sido tan general como en América del Sur,existiendo evidencias de ella por todas partes".

 

La aridización de Los Andes

El edificio andino ha mudad su cubierta vegetal tanto en calidad como en cantidad, desde extensas selvas que se extendían desde el Desierto de Atacama hasta los Valles Calchaquíes unos 40 millones de años atrás hasta la aridez total en algunos casos o un manto de bonsáis naturales como los que ocupan la Puna hoy. La evolución de la aridez debe ser comprendida desde la profundidad del tiempo geológico.

La región andina en que vivimos ha cambiado con el tiempo su cubierta vegetal como respuesta al progresivo levantamiento orogénico. Los Andes han sufrido una aridez geológica progresiva. Hasta hace 40 millones de años, la Puna era una región tropical con ríos caudalosos que drenaban desde el interior de lo que hoy es Chile hacia el Atlántico. La conformación paisajística era diferente. En medio del actual desierto del norte de Chile había una cadena volcánica, cuyas cenizas eran llevadas por los vientos del este hacia el Pacífico. Esos volcanes desaparecieron con el correr de los millones de años, destruidos por la erosión, y sus raíces constituyen hoy los ricos yacimientos de cobre de aquel país.

La Puna para esa época estaba casi al nivel del mar, y su clima era cálido y húmedo. El hallazgo de restos fósiles de cocodrilos y tortugas, sin ir más lejos a unos pocos kilómetros de San Antonio de los Cobres, así lo prueban en forma taxativa. Además de esos reptiles vivían toda una gama de raros mamíferos, obviamente todos extinguidos, consecuentes con las condiciones climáticas que imperaban en ese momento.

Pero ese paraíso no iba a durar para siempre. Los movimientos andinos comenzaron a elevar segmentos de corteza que fueron paulatinamente anulando el drenaje atlántico de los ríos y convirtieron a la Puna en una cuenca endorreica, esto es con drenaje interior. Esto comenzó a ocurrir al menos hace unos 15 millones de años, cuando aparecen los primeros restos de los que fueron lagos salados, expresados en depósitos de sal y yeso.

La elevación de relieves montañosos comenzó a frenar los vientos húmedos que llegaban desde el Atlántico, logrando que la Puna se convirtiera paulatinamente en lo que se conoce como "un desierto a la sombra de las lluvias". Mientras tanto la región que hoy ocupan los Valles Calchaquíes era una selva espectacular, con ríos que nacían en el borde de la Puna y corrían libremente hacia el Océano Atlántico, sin relieves que se interpusieran. Los paleontólogos encontraron restos de peces fósiles con representantes de los grupos esciánidos y cynodóntidos que actualmente habitan en ríos y lagos de regiones bajas, en el Brasil Neotropical.

Así mientras la puna iba aumentando progresivamente su aridización a medida que se partía el espinazo andino y la humedad era retenida más y más hacia el este, las regiones del oeste se volvían cada vez más áridas hasta llegar a los grados extremos de hiperaridez que se registran en el Desierto de Atacama en Chile. Es tan grande la aridez allí que no sólo se forman los exóticos minerales de nitrógeno (nitratos) sino que además la fosa oceánica vecina está limpia de sedimentos al no haber ríos que los transporten, y alcanzan frente a las costas de Antofagasta más de 8.000 m de profundidad.

Los Andes siguieron creciendo, elevando su cresta tortuosa de monstruo prehistórico que se despereza en la corteza de Sudamérica, mutando día a día, siglo a siglo y milenio a milenio, la naturaleza del paisaje.

Hace unos 6 millones de años, las selvas aún imperaban en los Valles Calchaquíes mientras que en la Puna se depositaban potentes mantos de sal de roca, de yeso y de boratos. La presencia de las selvas calchaquíes está demostrada por los hallazgos de troncos y hojas fósiles descubiertas en Angastaco por Luisa Anzótegui de la Universidad del Nordeste (Corrientes).

Allí, la paleontóloga de flora fósil descubrió numerosas evidencias de árboles de gran porte, varios tipos de helechos, de plantas emparentadas con las higueras, lianas fósiles, a los que hay que sumar restos de cocodrilos y tortugas, todo lo cual da un ambiente de altas precipitaciones pluviales (más de 1.000 mm), temperaturas altas, baja altura sobre el nivel del mar (menos de 500 m); o sea un ambiente subtropical cálido y húmedo, que nada tiene que ver con el actual. Como puede apreciarse, la fitogeografía del lugar era muy distinta hace pocos millones de años, con una selva de árboles de gran altura que llegaba hasta el propio contrafuerte de la Puna.

A medida que más y más relieves montañosos iban formándose hacia el este por la elevación y empuje paulatino de las fuerzas orogénicas andinas, más y más se frenaban los vientos húmedos orientales y por lo tanto cada vez más se retiraba la vegetación. Hoy la selva salteña, bien representada en el Parque Nacional Baritú, se encuentra a cientos de kilómetros al este de donde se encontraba algunos millones de años atrás.

La Puna alcanzó los casi 4 km de altura sobre el nivel del mar y su vegetación xerofítica baja recuerda un pequeño mundo de bonsáis. La aridez ha ido avanzando progresivamente, sin prisa ni pausa, al ritmo inexorable del tiempo geológico. Un nuevo cambio habría de producirse con la llegada del hombre sedentario y la implantación de sus animales que dispararon el ritmo de la erosión y aridización como lo ha probado el Ing. Carlos Saravia Toledo.

Hoy el tema de la aridización es una cuestión de Estado, por eso es bueno que se sepa que para un análisis holístico hay que incorporarle la dimensión del tiempo ¿Por qué? Porque el tiempo es la manera en que la naturaleza evita que todo ocurra al mismo tiempo.

 

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